La derecha neoliberal no pudo en Ecuador

2 de maio de 2017 Processocom

Alberto Pereira Valarezo

El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Ecuador ha declarado ganador de las elecciones presidenciales del país al binomio Lenin Moreno-Jorge Glas, una vez que se han cumplido todas las diligencias legales del caso. La diferencia porcentual para el triunfo de Alianza País (AP), el movimiento reformista que ha gobernado los últimos diez años con Rafael Correa como líder indiscutido, fue estrecha (51,16 % – 48,84%), lo que significa que ha habido un repunte electoral de la derecha, representada, esta vez, por el banquero Guillermo Lasso, quien se ha negado –de manera sistemática y calculada- a aceptar la derrota, porque se ha encaprichado en dar más crédito a una encuestadora (CEDATOS) que al CNE. Esta actitud de soberbia y prepotencia política, de la cual la oposición le ha acusado al actual presidente Correa, es uno de los tantos indicadores que desnudan a la clase social y política a la cual este banquero guayaquileño representa.

La lid electoral en Ecuador se ha resuelto en dos jornadas. En la primera vuelta (19 de febrero) participaron siete binomios de diferentes movimientos y tendencias políticas. El pronunciamiento de los casi diez millones de ecuatorianos que votaron determinó que los binomios Moreno-Glas y Lasso-Pérez dirimirían las dignidades de presidente y vicepresidente el 02 de abril de 2017. El binomio Moreno-Glas, en esta primera contienda, quedó apenas a décimas del 40% del porcentaje para ser declarado ganador directo. Estos resultados polarizaron las fuerzas en la corta campaña de la segunda vuelta, en donde se evidenció –como nunca- una intensa campaña en las redes sociales por parte de las dos candidaturas.

Los partidarios de Lasso –desde dentro y fuera del país, como estrategia de campaña- buscaron siempre vincular a sus oponentes con el “fantasma” de Venezuela, con la prepotencia verbal de Rafael Correa, con el peligro que significaría el socialismo del siglo XXI, con la corrupción no probada aún de funcionarios del actual régimen, con el endeudamiento del Estado con  China. A su vez, los partidarios de Moreno –con un respaldo determinante de los medios públicos, más que desde las redes sociales- no cejaron en recordar a los electores que Guillermo Lasso fue el “superministro” de Economía del expresidente Jamil Mahuat en la mayor catástrofe financiera de la historia ecuatoriana, cuando el país dolarizó la economía en el año 2000; de que Lasso tendría 49 empresas fantasmas en paraísos fiscales; de que este presidenciable de derecha se hubo enriquecido mediante operaciones financieras truculentas, mientras la mayoría de ecuatorianos se empobrecieron después de la dolarización.

Así, y todo, el eslogan de “cambio” de la derecha del Ecuador tuvo eco en segmentos de clase media y entre jóvenes (ahora entre 16 y 18 años es optativo el voto); e, incluso, logró capitalizar el odio político que, por otras razones, le profesan a Correa los grupos de izquierda radical y ciertos dirigentes indígenas. A pesar de ello y de los recursos invertidos por el banquero en una campaña millonaria, que ya se extiende por lo menos un lustro, la tendencia de derecha de corte neoliberal no pudo cambiar el mapa político de Ecuador, lo que, no dudamos, fastidiará a quienes no han podido –en América y el mundo- concebir una visión social con mayor soberanía, con menos desigualdad, con mejor educación y salud.

Situación que se expresa fehacientemente en la absurda actitud del, ahora, excandidato  Guillermo Lasso, quien ha insistido hasta el cansancio en calificar el proceso de elección y escrutinios de fraudulento, a pesar de que cientos de observadores internacionales y nacionales han felicitado la labor del CNE por su transparencia, además del reconocimiento general de los presidentes latinoamericanos y de los organismos internacionales –OEA, incluida- al binomio triunfador: Lenin Moreno y Jorge Glas.

¡De cómo una lógica perversa ha querido entronizarse en el discurso político inaugurado por Trump: “Aceptaré los resultados, si  yo gano”! Ecuador dio una respuesta altiva, y dijo NO al neoliberalismo trasnochado.

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