Colombia, crónica de unas vacaciones – Capítulo 7

13 de junho de 2016 Processocom

Alberto Pereira Valarezo

JUEVES, 28 DE ENERO DE 2016

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Traspasando el umbral de la Catedral al caer la tarde en Medellín. Nótese la pilata hacia el fondo.

MEDELLÍN NOS ESPERABA…

Rumbo a Medellín. Son las siete y treinta de la mañana. El vecino Jorge, nuestro taxista –de acuerdo con lo convenido- está listo para conducirnos al aeropuerto. Después de un pequeño trancón por aquello de las horas pico bogotanas, con una sonrisa abierta, Jorge nos deja en el andén correspondiente de Eldorado. Chequeo atento y rápido. Espera corta para acceder a la sala correspondiente, tiempo que lo aprovechamos para tomar café con arepas y comprar una novela de bolsillo de Luis Sepúlveda, un narrador chileno que ya anduvo mucho mundo (por Ecuador también, recuerdo de unos dos relatos escenificados en el país) por lo que he podido leer de él. Jiani prefiere El Tiempo para enterarse de las novedades del momento. Un avión nuevo y espacioso de Avianca nos acoge y se eleva raudo. Apenas media hora precisa para posarse en las alturas cercanas a la capital de Antioquia.

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Turistas a la espera por entrar a la Catedral Basílica.

Retiradas nuestras maletas de las esteras del equipaje, de manera expedita salimos para abordar un taxi que nos conducirá hasta el centro de Medellín. El trayecto que empezamos a recorrer nos sorprende gratamente por la similitud que guarda con los paisajes serranos de Ecuador y gauchos. Por una carretera zigzagueante y franqueada de naturaleza, entre preguntas nuestras y respuestas cordiales del taxista, descendemos de manera rápida hasta el valle donde se levanta la gran ciudad. Media hora después de nuestro arribo, estábamos alojándonos en el hotel reservado. Un pequeño descanso, almuerzo a las catorce horas y, seguidamente, dispuestos para ir al primer encuentro con la gente llana de Medellín, en pleno centro.

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En el parque que lleva su nombre, monumento ecuestre de Bolívar.

La expectativa y la curiosidad eran grandes. Allí, una abigarrada población movilizándose a ritmos diferentes por las veredas, mientras el transporte público nos sorprendía por su velocidad y la imprudencia de los conductores de autobuses. Era urgente aprender la lección y andarse con cuidado.  Nos sorprende también observar por todos lados ventas ambulantes de los más diversos productos; entre otros, variedad de frutas en carretas, comidas y bebidas, vestimenta, chucherías. Estamos en pleno centro, claro. Por entre este gentío y efervescencia laboral, nos desplazamos en busca de lugares diferenciados por su arquitectura y funciones: parques, iglesias, plazas. Así es como, explorando la ciudad por las cercanías, fuimos a dar a un lugar abierto que resultó ser el Parque Bolívar, en cuyo centro se yergue, en efecto, una hermosa representación ecuestre del gran Libertador como testimonio de la devoción patriótica que los antioqueños profesan a este ilustre latinoamericano. La cámara fotográfica y el celular se activan –con diligencia- para registrar el momento y el sentido que los colombianos y los y turistas le atribuyen a este lugar, que se corona con una bella pileta de aguas juguetonas que salpican el entorno inmediato. Frente a ese escenario, hay que afinar la lente y captar las fotos posibles, pues al cruzar la calle, una de las joyas arquitectónicas de Medellín nos invita a entrar: la Catedral Basílica Metropolitana. Este monumento religioso de enormes proporciones (6.078 m2) es, según se publicita, la iglesia de ladrillo macizo más grande del mundo, en la cual se han empleado 1.120.000 de estos bloques de barro cocido, que le dan una apariencia e identidad arquitectónica peculiares, y de lo que sus habitantes se sienten muy orgullosos.

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El metro se aproxima a la estación más cercana del hotel.

La verdad sea dicha, su arquitectura impresiona, más que por sus dimensiones, por la peculiaridad que le imprimen sus ladrillos de ocho decímetros cúbicos –morosamente pegados- que dan forma a un conjunto neorromántico que se despliega a lo largo de tres naves, y a una altura de 66 metros; con un volumen total calculado en 97.000 metros cúbicos, donde el material reinante es, por supuesto, el ladrillo visto.  La obra fue diseñada por el arquitecto francés Charles Émile Carré y construida entre 1890 y 1931. Desde 1982, Monumento Nacional de Colombia (Wikipedia).

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Nave central de la Catedral Basílica Metropolitana de Medellín.

Con estas primeras vivencias e impresiones en la capital del departamento de Antioquia, debíamos regresar al hotel, merendar y, brevemente, planificar las actividades para el día siguiente, antes de disponernos a disfrutar de un baño y de una cama acogedora. Tuvimos tiempo de comentar con Jiani, claro, sobre la excelente ubicación del hotel, la atención esmerada de las personas encargadas de la recepción, al igual que el detallismo de quienes realizan el mantenimiento de las habitaciones, sin contar con el clima ideal del que estábamos gozando en esta Medellín que empezábamos a sentir y a conocer.

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Muestra del paisaje urbano de la capital de Antioquia.

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