Umberto Eco: apuntes desde la cátedra

2 de Abril de 2016 Processocom

Umberto Eco

Por Alberto Pereira Valarezo

Nacido entre las entreguerras (1932) que asolaron Europa, fue un testigo privilegiado de acontecimientos de todo orden: políticos, sociales, económicos, educativos, comunicacionales, estéticos, etc.; realidades sobre las cuales ha dado fe –con sabiduría y autoridad- a través de sus libros, artículos periodísticos, seminarios, conferencias, entrevistas y la cátedra, de manera prolífica y ejemplar, en muchos de los casos en coberturas mundiales, mediante grandes tiradas editoriales y traducciones en las principales lenguas del orbe.

Autoridad en semiótica, sus aportes constantemente renovados y renovadores, allanaron los espacios académicos desde fortalezas teóricas referenciales, debido a su inter y transdisciplinaridad: filosofía, lingüística, semántica, pragmática, hermenéutica, estética, narratología, literatura, entre otras disciplinas, lo que se evidencia, de manera particular, en sus libros –uno más interesante que otro-, en sus complejidades y deconstrucciones teóricas. Verbigracia, mientras estudiábamos y asumíamos los fundamentos de “La Estructura Ausente” (1968), que nos deslumbraba con la comunicación y el signo arquitectónico, y daba al traste con varios principios de la lingüística estructural, ya había aparecido una obra clave para quienes nos asomábamos a una disciplina esclarecedora: Tratado de Semiótica General (1975), en cuyas primeras páginas el autor advertía, que es desde este libro, que él defenderá sus criterios en materia semiótica. ¡Cuánto aprendimos, y cómo utilizamos este Tratado en nuestras clases! Era, para el momento, la semiótica actualizada, en medio de una carestía bibliográfica –aún no contábamos con Internet-, solo confrontada con otras fuentes venidas con menor suceso desde Francia (R. Barthes, J. Greimas, entre los principales, quienes nos remitían a Ferdinand de Saussure, a Louis Helmslev –grandes maestros-) , y seguíamos bebiendo de las fuentes de las lingüísticas estructural y generativa.

Empero, tendremos opciones de acompañar a nuestro autor en sus reflexiones semióticas cuando llegan a nuestro conocimiento obras de la trascendencia teórica de Lector in fábula (1979), Semiótica y filosofía del lenguaje (1984), Los límites de la interpretación (1990), En busca de la lengua perfecta (1993); títulos que sí nos remiten a ese cuño trandisciplinario devenido de la narratología, de la filosofía, de la lingüística, de la hermenéutica. Productiva y madura evolución teórica que se refleja en “Kant y el ornitorrinco” (1997) – a los veintidós años del Tratado, su obra fundacional-, al tiempo que un voluminoso “Del árbol al laberinto”, a una década de distancia (2007), nos señalará caminos para incursionar por la historia del signo y de la interpretación, donde temas y autores –caros y recurrentes en la obra de Eco- nos convocan nuevamente a la reflexión expandida y necesaria: diccionario, enciclopedia, metáfora, semiosis, Edad Media, Kant, Peirce, Breál…

Aunque, hay que manifestarlo sin ambages, la casi totalidad de sus obras científicas nos han llegado con años de retraso a América Latina, por falta de traducciones o políticas editoriales; fenómeno que no ha ocurrido –al menos con tanto retraso- con la edición de sus novelas, lo que es un indicio político claro de cuáles son la prioridades de las grandes editoriales en esta materia. No es una casualidad, entonces, que el grueso del público vincule a Eco solo con la novela (siete en total), particularmente con El nombre de la Rosa (1980) que, aunque fue la primera, ha sido la más celebrada –traducida a varios idiomas, llevada al cine por Jean Jacques Annaud (1986), y más-. ¿Será por eso que, entre sus famosas frases, ya octogenario, Umberto Eco diría que “La fuerza de la narrativa es más efectiva que cualquier tecnología”? (Revista Época, 30-12-2011)

Desde vertientes que apuntan, sobre todo, a la crítica y a la estética, onotemos obras inspiradoras e importantes del maestro, como Arte y belleza en la estética medieval (1987), Seis paseos por los bosques narrativos (1990), Sobre literatura (2002), Historia de la belleza (volumen ilustrado) (2004), Historia de la fealdad (2007), A paso de cangrejo. Artículos, reflexiones y decepciones, 2000-2006 (2006), Construir el enemigo y otros escritos ocasionales (2011), Escritos sobre el pensamiento medieval (2012), Historia de las tierras y lugares legendarios (2013). Según Wikipedia, a más de las siete novelas, se infiere que el piamontés escribió cincuenta y cinco obras no ficcionales, desde 1956 hasta 2015.

Circulan, cómo no, obras escritas con otros autores, al igual que tesis y entrevistas como Ecoloquio con Umberto Eco, de un periodista español –Luis Pancorbo-, de entre las que recuerdo de memoria. Presentes bibliográficos de los que hemos aprendido tanto, y otros cuantos de los que no hemos podido dar cuenta aún, por el motivos que fuesen. Gratificante será volver –sin prisa, ahora,- a sus obras fundacionales y al saber de aquellas que no exploramos todavía, y así sentir ese especial placer que suelen brindarnos los maestros que, de tanto frecuentarlos, terminan siendo nuestros amigos-compañeros-consejeros, sin que ellos se hayan enterado. No hay duda, maestro: ¡la paradoja existe!

São Leopoldo, 10 de marzo de 2016.

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