MACHU PICCHU: ¡PURA ENERGÍA!

26 de agosto de 2014 Processocom

Alberto Pereira Valarezo

Ascender a Machu Picchu es un privilegio. Una sensación inolvidable. En mi caso, una promesa cumplida, desde la primera vez que leyera sobre su existencia, su magia, su energía; allá por los años adolescentes, cuando todo parecía aventura, un deambular por los rincones que los libros fabricaban y nuestra imaginación recreaba jubilosa. Ya no recuerdo el autor del relato, mas sí la fascinación de descubrir que hubo un pueblo que conocía los secretos de la tierra, de la domesticación de la papa, del poder alimentario del maíz; de la utilidad de la llama, de la alpaca, de la vicuña; que labraba la piedra como ninguno, y construía monumentos que desafiaban el tiempo  y los rigores telúricos andinos.

Janelas

Admirados los Incas por ingenieros y arquitectos modernos, tanto por sus proezas constructivas como por su estética particular, resulta casi imposible no alabar su fastuosa obra enhiesta en las alturas de Machu Picchu (Montaña Vieja); y evocar en versos  – junto  a Neruda en su “Canto General” – el sentido y la energía que de ella brota poética:

Terrazas

Entonces en la escala de la tierra he subido

entre la atroz maraña de las selvas perdidas
hasta ti, Machu Picchu.
Alta ciudad de piedras escalares,
por fin morada del que lo terrestre
no escondió en las dormidas vestiduras.

En ti, como dos líneas paralelas,
la cuna del relámpago y del hombre  se mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.
Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio:
aquí los anchos granos del maíz ascendieron

y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña
a vestir los amores, los túmulos, las madres,
el rey, las oraciones, los guerreros.

Pared con ventana, detalle

Fuiste así ciudad perdida para la avaricia hispánica – en  buena hora – hasta que te han descubierto para el mundo, ya entrado el siglo XX. Y desde esos tiempos, de calendarios enigmáticos, te hemos sentido nuestra en un primero de agosto, día de la Pacha Mama: ciudad luminosa, inquebrantable, deslumbrante; telúrica energía irrepetible, de montañas azules – espejos del cielo – columpiando la memoria de añoranzas y de sueños compañeros.

Saliendo de Machu Picchu

Piedras sobre otras piedras de canteras pardas,

de tierra negra, espesa, irredenta;

nido del cóndor, madriguera del puma;

en tus acequias se esconde la culebra;

pasta la llama en las terrazas, retoza la vicuña;

un día moró el cuy junto a una virgen,

mientras el Inti enamoraba a la luna,

¡Machu Picchu, vieja amiga!

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