LOS LIBROS DE BOLSILLO

16 de agosto de 2013 Processocom

Alberto Pereira Valarezo

¡Qué gran invención son los libros de bolsillo! La industria editorial, como casi siempre, acertó. Y, claro, cuando uno piensa en estos entrañables compañeros que son los libros, no puede dejar de evocar sus preferidos: de cómo llegó a ellos, en dónde los descubrió, quién – talvez – se los obsequió, cuánto le ayudaron, a quiénes los ha recomendado etc.

Recordar el prodigio de la imprenta de caracteres móviles – que según se sabe fue concretado por Gutemberg a mediados del siglo XV – resulta grato y fascinante, pues nadie se podría imaginar cómo el producto más significativo salido de sus entrañas – el libro tipografiado – iba a revolucionar el pensamiento y la ciencia.

Sin desmerecer los avatares del invento y de los inventores del libro tradicional, quiero referirme a una de sus versiones: el libro del bolsillo. Objeto de mano, tan fácil de llevar o guardar en alguna de las prendas que vestimos o cargamos; de pastas consistentes y apariencia más o menos fuerte para soportar traslados, lluvia, sol, machucones. De precio, generalmente, asequible, puede adquirirse en los supermercados, en los kioscos de la calle, en los aeropuertos y hasta en las librerías.

Libros de bolsillo los hay de todo y para todos. Desde los temas más superfluos hasta los científicos de última data, desde los divertidos hasta los más serios, desde los más universales hasta los particulares, pero con características propias: registro lingüístico cotidiano, de extensión corta – en lo posible –, con portadas atrayentes – “marqueteras”; es decir, un artículo de consumo para una sociedad de consumo.

Es, en realidad, uno de los objetos comunicacionales más amigables y dóciles – después del celular, claro, dirán los jóvenes y personas de negocios. Tan dúctil, en efecto, que uno puede llevarlo casi a cualquier parte, incluido el baño, siempre que no se entre en la ducha (en la bañera es posible, por supuesto). Es amoroso en la cama, desinhibido en la playa, compañero en los vuelos y viajes largos, depositario de saberes y curiosidades no resueltas, amigo ocasional y consejero en vacaciones; sutil, casi siempre sutil y sin compromisos.

Pero cuidado…!!! Si lo presta, exija que se lo devuelvan; usted lo podría necesitar en cualquier momento, sobre todo si contiene poesía o es un manual. Cuando viaja en avión o pernocta en un hotel, no olvide regresarlo a su maletín. Yo ya he perdido algunos por esas causas, incluido uno ajeno. Es muy recomendable tener siempre uno o más a su lado, inclusive hasta cuando está estudiando cosas “serias”; los libros de bolsillo lo pueden salvar por su simplicidad informativa o contenidos sabrosos.

comments

Previous Post

Next Post